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Fiódor Dostoievski

Fiador Mijailovich Dostoievski (1821/1881), hijo de Mijail Andréjevich, médico, y María Fiódorovna Necháieva, ama de casa, nació en Moscú en 1821. Fue el segundo de ocho hermanos. Contando seis años y en medio de una niñez pobre, su padre recibe una condecoración (Orden de Santa Ana) y un nombramiento (Asesor Colegiado), que lo instalan en la nobleza rusa, adquiriendo una propiedad en Tula donde se traslada con la idea de llevar una vida de terrateniente. A causa de la tisis, en 1837 muere su madre. Un año más tarde es enviado por su padre a la Escuela de Ingenieros Militares en San Petersburgo, carrera de la que alcanza a egresar sólo por satisfacer la voluntad paterna. En 1939, su padre muere asesinado por sus siervos en rebeldía por las arbitrariedades y violencia del señor, desquiciado por los estragos del alcohol y la depresión. La familia de su madre se hace cargo de los huérfanos y de la herencia.

 

En 1843 egresa y se emplea en San Petersburgo en la Dirección General de Ingenieros. Al año siguiente, para saldar una deuda y deslumbrado por Balzac que visita esa ciudad traduce Eugéne Grandet, y descubre su vocación literaria que no abandonará jamás salvo durante los períodos de exilio y prisión. Termina su primera y exitosa novela Pobres Gentes (1846) en el momento en que aparecen los primeros síntomas de epilepsia. Menos aprobación tuvo El Doble (1846), seguido de más de una decena de trabajos pergeñados durante los tres años siguientes (Las noches blancas, El marido celoso, Las Dueñas, El señor Proknarchin y La mujer del otro, son algunos). En todos ellos el autor posa su mirada sobre los desposeídos y sus humillaciones. El escaso éxito lo sume en la depresión.

Integra un grupo de intelectuales críticos de la nobleza y esperanzados en la idea de libertad, que conforman los “petrachevski”. En 1849, merced a un infiltrado en el grupo, es detenido por conspirar contra el régimen y condenado a muerte junto a más de un centenar de acusados. El día de la ejecución se le conmuta la pena por la de cuatro años de trabajos forzados en Omsk, Siberia, y su posterior incorporación como soldado raso. Las extremas condiciones de vida agravan su epilepsia e, influenciado por la lectura de La Biblia, rechaza el socialismo ateo, se nutre en la fe religiosa y descubre la redención por la mortificación. Tal vez las duras condiciones hayan sido las causas de estas imprevisibles contradicciones de Dostoievski. En la prisión también descubre el altruismo y la nobleza y se convierte en un sagaz buceador del alma humana. Esta particularidad, más la culpa que asume por la muerte de su padre tras haberla deseado con fervor, hacen que luego Freud advierta la importancia de sus obras y redacte uno de sus célebres artículos Dostoievski y el parricidio (1928). En este período el notable y controvertido escritor moscovita se aleja del pensamiento radical y adhiere a un conservadorismo religioso.

En 1854 es liberado y enviado a Mongolia como soldado. Luego de cinco años regresa a San Petersburgo. En 1857 se casa con María Dmitrievma Isáieva, viuda de un maestro. Este hecho, junto a la devolución de los privilegios de la nobleza por parte del zar Alejandro II es significativo en su vida y lo impulsa nuevamente a la producción literaria. Comienza a escribir Recuerdos de la casa de los muertos, basada en su vida como prisionero, con el que habría de recuperar la celebridad. Obtiene la licencia del ejército luego de largas gestiones y funda junto a su hermano Mijáil la revista Tiempo (1860), en la que publica, por entregas, sus nuevas obras: Humillados y ofendidos (1861) donde trata por primera vez el tema de la salvación y la felicidad a través del sufrimiento preconizada por el dogma cristiano que abrazó durante prisión, Notas de invierno sobre impresiones de verano (1863) inspirada en su viaje por diversos países europeos (allí conocería a Paulina Suslova, joven estudiante de ideas avanzadas con quien mantiene un apasionado romance), en el que reniega del tedio occidental, y la mencionada Recuerdos de la casa de los muertos (1861) que también es publicada con gran éxito y por entregas en la revista El Mundo Ruso.

Al regresar de su periplo europeo (París, Londres, Viena, Turín, Florencia, Ginebra, Berlín), las autoridades le cierran la publicación por un artículo sobre la revolución polaca considerado subversivo. Funda la revista Época, también junto a su hermano, de menor duración aún que la anterior, y en la que alcanza a publicar la primera parte de Memorias del subsuelo (1864), su única novela de corte filosófico. En este año debe soportar serios reveses: indigencia económica a causa de su pasión por el juego que lo dejó sin recursos durante el viaje, la muerte de su esposa tras una penosa enfermedad y la de su hermano, quien deja a su viuda e hijos con grandes deudas que él debe afrontar. Vuelve a caer en la depresión y en el juego, lo que aumenta las dificultades.

Para atravesar la crisis toma un crédito contra el compromiso de presentar una novela en el término de un año. Pocos días antes de expirar el plazo que lo obligaría en caso de incumplimiento a transferir los derechos de autor de toda su obra, concluye El jugador (1866), basada en su propia compulsión al juego. Este trabajo lo dicta en veintiséis días a Anna Snitkina, su mecanógrafa, con quien se casará dos años más tarde. Escapa de Rusia a causa de sus deudas y pierde en el juego el escaso dinero que le queda. Intenta volver con Paulina Suslova pero ella lo rechaza. Publica: Crimen y Castigo (1866) iniciado un año antes, en el que aborda los problemas éticos, sociales y políticos que tanto lo desvelan (el protagonista se debate entre la culpa y el aislamiento y termina por redimirse con la confesión), que es publicado en El Mensajero Ruso con gran éxito. Continúa viajando por Europa junto a Anna Snitkina con quien se casa en 1867. En Ginebra nace y muere, poco después su primera hija. Al año siguiente tras el nacimiento de su segundo hijo ingresa en un frenético ritmo de trabajo. Publica El Idiota (1868), donde el personaje es un buen hombre derrotado finalmente por sus propios odios ocultos. Por el contrario, el protagonista de Los endemoniados (1871/2) es un cruel conspirador. El contraste entre la diversidad de los personajes resulta de su habilidad para desentrañar los misterios del alma humana. Regresa a Rusia en 1873 con reconocimiento internacional y publica, también con buena respuesta, la revista Diario de un escritor, de la que es único responsable. Desde sus páginas se erige en guía espiritual de Rusia en oposición a la decadencia de Europa a la que, sin embargo, no deja de admirar. En 1878 es nombrado miembro de la Academia de las Ciencias, e interrumpe esta publicación para comenzar la redacción de Los hermanos Karamazov (1880) a la que él mismo considera su obra maestra y que aparecerá en su mayoría en la revista El Mensajero Ruso. Ese mismo año inaugura el monumento a Alexander Pushkin en Moscú, ofreciendo un notable discurso sobre el destino de Rusia en el que es aclamado por la multitud. Poco tiempo después, en febrero de 1881, muere en San Petersburgo víctima de la tuberculosis. Sus restos fueron inhumados en el cementerio de Tikhvin, en San Petersburgo, ante treinta mil personas.

Fue un escritor comprometido con la realidad social de su tiempo, pero no se detuvo en ella sino que siguió buceando en aspectos sicológicos y filosóficos del hombre. Sin advertirlo sienta las bases de conceptos que luego toman el psicoanálisis, el surrealismo y el existencialismo. En lo estrictamente literario su mayor contribución consiste en haber colocado al narrador dentro de la escena, exponiéndolo al vendaval de la obra, caminos que luego recorrerían entre otros, Thomas Mann, Sartre y Unamuno. Al decir de Tolstoi “es un individuo en quien todo es lucha”, tanto en su vida como en su obra al punto tal que aún hoy continúa la controversia ideológica en torno suyo. Gran parte de los mejores escritores del siglo han recibido su influencia (Hesse, Proust, Faulkner, Camus, Kafka, García Márquez). Salvo contadas excepciones su estilo dramático desarrollado en climas escandalosos de gran tensión y alto voltaje, ha alcanzado a toda la posteridad, siempre abogando en defensa de los inocentes, y la elevación espiritual a través del sufrimiento que en sus extremos conlleva a la redención final. Su temática no es unívoca; abarca personajes y visiones contrapuestas que soportan una endemoniada fuerza dramática. Así como Dante es Italia y Shakespeare Inglaterra, Dostoievski encarna la tradición rusa.

Obras del autor en La Púrpura de tiro