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Año 3 #32 Junio 2017

Piano+violín+violonchelo=Schubert

El trio Nº. 2 en mi bemol para piano, violín y violoncelo, D. 929, fue una de las últimas composiciones escritas por Franz Schubert, fechada en noviembre de 1827. Al igual que el otro trío para piano de Schubert, es un trabajo comparativamente más grande que la mayoría de los tríos para piano de la época, con una duración de casi cincuenta minutos.

El tema principal del magnífico segundo movimiento fue utilizado como uno de los temas centrales en Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975).

 

 

Franz Schubert trio para piano, violín y violonchelo en mi bemol, D 929 (Op.100)
Piano: Rieko Aizawa
Violín: Jesse Mills
Violonchelo: Raman Ramakrishnan

Bard Festival, 15 de agosto de 2014.

  • Franz Schubert
    Schubert, Franz

    Franz Schubert (Himmelpfortgrund, actual Austria, 1797-Viena, 1828) nacido en las proximidades de la Viena que acogió a Haydn, Mozart y Beethoven, en Schubert se transparenta el paulatino abandono del estilo clásico y la aparición de la nueva subjetividad romántica.

    El lied para canto y piano, uno de los géneros paradigmáticos del romanticismo, encontró en él a su primer gran representante, cuyas aportaciones serían tomadas como modelo por todos los músicos posteriores, desde Schumann hasta Wolf y Mahler.

    Hijo de un modesto maestro de escuela, Schubert aprendió de su padre la práctica del violín y de su hermano mayor, Ignaz, la del piano, con tan buenos resultados que en 1808, a los once años de edad, fue admitido en la capilla imperial de Viena como miembro del coro y alumno del Stadtkonvikt, institución en la que tuvo como maestro al compositor Antonio Salieri (recordado mala y equivocadamente en la película Amadeus). La necesidad de componer se reveló en el joven Schubert durante estos años con gran fuerza. Sus primeras piezas fueron interpretadas por la orquesta de discípulos del Stadtkonvikt, de la que él mismo era violinista.

    A pesar del poco interés que tenía por la enseñanza, a instancias de su padre deja en 1813 el Stadtkonvikt, para trabajar como asistente en la escuela del padre. De estos años son sus primeras obras maestras, como el lied El rey de los elfos, inspirado en un poema de Goethe, uno de sus escritores más frecuentados. Después de abandonar sus funciones en la escuela paterna, Schubert intentó ganarse la vida con escaso éxito con la música.

    El único campo que podía reportar beneficios a un compositor de la época era el teatro, la ópera. Fue un género que Schubert abordó con insistencia pero ya por la debilidad de los libretos escogidos o por su falta de aliento dramático, nunca consiguió destacar.

    Admirado en un círculo muy restringido, la revalorización del compositor se llevó a cabo a partir de su muerte: obras inéditas o que sólo se habían interpretado en el marco familiar, empezaron a ser conocidas, publicadas y defendidas por Schumann y Mendelssohn. Es, sobre todo, el caso de su producción instrumental madura, de sus últimas sonatas para piano, sus cuartetos de cuerda y sus dos postreras sinfonías.

    Por ejemplo, una tensa profundidad marca la Wanderer-FantasieD. 760, para piano solo (1822). En 1824escribiría La muerte y la doncella, uno de sus cuartetos más conocidos y geniales. Hacia el final de la vida, su intenso dolor y aislamiento dejaron su impronta en el Winterreise, D. 911, Op. 89 (1827).

    El 30 de octubre de 1822 comenzó su Sinfonía en si menor pero, tras dos movimientos y de empezar el tercero, la abandonó. El manuscrito con ambos movimientos pasó a manos de su amigo Anselm Hüttenbrenner, quien los conservó en un cajón durante más de cuarenta años. En 1865 se los entregó al director de orquesta Johann von Herbeck, quien en diciembre de ese año dirigió en Viena el estreno de la obra incompleta. No se conocen los motivos para dejarla inconclusa; una posibilidad sugiere que parte del manuscrito se perdió; también se ha sugerido que el poderoso Entreacto en si menor de la música de escena para Rosamunda (1823) fue, en realidad, el último movimiento sinfónico: hay coincidencias en la orquestación de ambos movimientos, incluido el añadido de los tres trombones incorporados a la orquesta clásica convencional, así como la tonalidad.

    Cuando Schubert tenía solamente treinta y un años y acababa de matricularse para estudiar fuga, una gonorrea, complicada finalmente con una fiebre tifoidea, lo condujo a la muerte el 19 de noviembre de 1828.